sábado, 23 de octubre de 2010

Y ese alguien te dice que pares, y tu paras.

Hay que estar atento a lo que te rodea porque a veces, de repente, algo puede alegrar tu día. Esta que estas por escuchar no es una canción, es la voz de la nieve derritiéndose en agua pura. Fuera de mi ventana solo veo coches veloces, motos alocadas, que dejan el trafico atrás. He aprendido una pequeña verdad, el mundo te quiere rápido para que llegues a tiempo. Te quiere veloz para recordar solo el sonido de tu paso, y es por esto que cuando te acuerdas que no vas a ningún lado, ahí es cuando aceleras.
Y vas a cinto cincuenta, doscientos, doscientos veinte por hora, sientes la libertad en la cara pero justo en eso momento de felicidad plena, ese alguien que te dice que pares. Y tu paras.

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