jueves, 23 de junio de 2011

Maduramos. Tal vez sea impropio de una chica de mi edad decir esto, al fin y al cabo soy solo una mínima parte de los años que viviré. Pero se nota. Madurar no es dejar de hacer locuras, de decir tonterías y de pasarlo bien. Madurar es aprender a vivir acorde a tu edad, no es salir por la noche e imitar a la gente mayor. Madurar es aprender a aprender de los errores. A dejar de llorar por tonterías e incluso contener las lágrimas en público. Es dejar de jugar en la playa y bañarte en el mar y preocuparte más por el tono que debe coger tu piel. Es dejar de estar triste en las despedidas de final de curso y querer ir ya al verano, amigos nuevos, curso nuevo, afrontarlo todo sin problemas, sin derramar lágrimas, sin hacer una montaña de un grano de arena.
Se acabó, y lejos de parecer interminable, me pareció efímero. ¿Ya? ¿De verdad a pasado todo un año? Parece que fue ayer cuando miraba las listas de las clases. Tercero B ha dejado una huella imborrable. ¡Feliz verano!

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