martes, 8 de noviembre de 2011

Noviembre



Llueve, y el agua borra los pocos recuerdos que quedan del verano. Con el cambio de hora, los días son cada vez más cortos y la oscuridad está presente en la mayor parte del día. Sin ni siquiera pensarlo ya estamos acabando la primera evaluación, ¡y pensar que hace un par de meses disfrutaba de la playa! Ahora  simplemente me encierro en casa, mientras oigo las gotas repiquetear contra mi ventana. No puedo leer el libro que quiero ni perder el tiempo; sólo recortar, escribir, pegar, rotular, calcular, leer y estudiar cosas que se supone que son necesarias pero que para mí ni para el resto de jóvenes tienen la menor importancia. Todo trabajos y exámenes que intentan evaluar nuestros conocimientos. Pero si nos paramos a pensar, las cosas más necesarias no se enseñan en el colegio sino en el aula de la vida, a base de tropezar y levantarte, tropezar y levantarte cien veces seguidas. Intento buscar una motivación, un haz de luz entre tanto gris, una salida hacia un mundo que no esté en blanco y negro. Pero no la encuentro, y como ya he dicho en entradas anteriores, estoy falta de inspiración.

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